Acerca del autor.
Dr. Mohamed Zahir Es genetista molecular y profesor en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Ciencias de la Salud y Afines de Muhimbili (MUHAS) en Tanzania. Su trabajo se centra en el avance de la genética humana y la medicina genómica en África a través de la investigación, la formación y la participación en la formulación de políticas.
Cuando los científicos de África hablan sobre las barreras a la movilidad, la discusión suele girar en torno a los viajes a Europa o América del Norte. Los retrasos y las denegaciones de visados han impedido que los investigadores asistan a conferencias, accedan a becas y participen en reuniones donde se toman decisiones que afectan a la ciencia africana. Este problema es cada vez más reconocido, incluso por el Consejo Internacional de la Ciencia, que es examinar cómo las restricciones de visado afectan al movimiento internacional de científicos.
Lo que recibe mucha menos atención es que existen barreras similares dentro de la propia África.
Como ejemplo, en 2023, varios científicos nigerianos debían asistir a la conferencia inaugural del Consorcio para la Formación Avanzada en Investigación en África en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo. Sus visados no se tramitaron a tiempo y los recibieron el día en que la conferencia ya había terminado (Nakweya, 2024).
No se trataba de un viaje de África a Europa o Norteamérica.
Se trataba de un grupo de investigadores africanos que intentaban asistir a una reunión científica africana en otro país africano.
Este caso ilustra un problema más amplio. África está invirtiendo en redes regionales de investigación, centros de excelencia, formación de posgrado, genómica, preparación ante epidemias, climatología y otras áreas que dependen de la colaboración transfronteriza. Sin embargo, los investigadores encargados de que estos sistemas funcionen aún pueden enfrentarse a largos trámites de visado, tiempos de procesamiento inciertos, servicios consulares limitados y vuelos costosos o con escalas.
El continente cuenta con numerosas políticas que reconocen la importancia de la integración. Agenda 2063 Se aboga por una África integrada en la que la ciencia, la tecnología y la innovación apoyen el desarrollo y una sociedad basada en el conocimiento. Protocolo de la Unión Africana sobre la Libre Circulación de Personas Proporciona un marco para el movimiento de personas a través del continente, incluidos estudiantes e investigadores. Mercado Único Africano de Transporte Aéreo Se estableció como un proyecto emblemático de la Agenda 2063 para mejorar la conectividad y reducir el costo de los viajes entre los países africanos.
África ya ha establecido un ambicioso marco político para la integración regional. El reto ahora consiste en traducir esa visión en la experiencia cotidiana de los investigadores que viajan por todo el continente.
El Informe sobre la apertura de visados en África 2025El informe, elaborado conjuntamente por el Banco Africano de Desarrollo y la Comisión de la Unión Africana, ofrece una visión clara de la situación actual. Evalúa la política de visados que aplica cada país africano a los ciudadanos de los demás países africanos, distinguiendo entre el acceso sin visado, los visados disponibles a la llegada y la autorización requerida antes del viaje.
El informe muestra que el 28.2 % de las rutas de viaje intraafricanas no requerían visado en 2025, frente al 20 % cuando se inició el índice en 2016. Esto representa un progreso significativo. El número de rutas interpaíses sin visado alcanzó la cifra récord de 814 en 2025, en comparación con las 803 de 2024.
Pero esta mejora solo cuenta una parte de la historia. En 2025, el 51.1 % de los viajes dentro de África aún requerían una visa o autorización similar antes de la salida, un aumento con respecto al 47.1 % de 2024. El acceso con visa a la llegada disminuyó del 24.8 % al 20.4 %, su nivel más bajo desde que se estableció el índice.
Estas cifras demuestran que el progreso no es ni lineal ni uniforme. Algunos países han abierto sus fronteras sustancialmente, mientras que otros han introducido nuevos requisitos o han pasado de las visas a la llegada a las autorizaciones electrónicas anticipadas. Si bien una visa electrónica puede ser más fácil de obtener que una visa tradicional en papel, aún requiere aprobación antes de que el viajero pueda iniciar su viaje. Para un investigador que espera asistir a una conferencia o un programa de capacitación breve, esta diferencia puede resultar poco tranquilizadora si la autorización no llega a tiempo.
Las diferencias regionales dentro del continente africano son igualmente notables. El Informe de Apertura de Visados de 2024 reveló que el 99 % de las políticas de visados eran recíprocas y exentas de visado dentro de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO). La cifra equivalente fue del 17 % dentro del Mercado Común de África Oriental y Meridional y del 14 % dentro de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo. En el conjunto de África, el acceso recíproco sin visado se situó en tan solo el 20.3 %.
La CEDEAO demuestra que la movilidad regional amplia es posible cuando los compromisos políticos se traducen en acciones concretas. La experiencia, muy diferente en otras comunidades regionales, también evidencia por qué es engañoso hablar de movilidad africana como si las condiciones fueran las mismas en todas partes.
Incluso con permiso de entrada, llegar a otro país africano puede resultar complicado. Las conexiones directas entre ciudades africanas son limitadas, los billetes suelen ser caros y algunos viajes requieren hacer escala en Europa o Oriente Medio.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo ha descrito La conectividad intraafricana como un desafío particular, con servicios directos limitados y tarifas elevadas que afectan los viajes por todo el continente. Su estudio sobre la liberalización del mercado aéreo encontró que muchos mercados de aviación intraafricanos seguían restringidos por acuerdos bilaterales, a pesar de la adopción de la Decisión de Yamoussoukro En 1999, los ministros africanos adoptaron un tratado multilateral para desregular el transporte aéreo y abrir los mercados aéreos regionales a la competencia transnacional. El informe concluyó que la apertura de estos mercados podría aumentar la frecuencia de las rutas, reducir las tarifas y fomentar una mayor actividad económica.
Ya existen ejemplos de lo que puede lograr una mejor conectividad. La liberalización de las relaciones entre Sudáfrica y Kenia se asoció con un aumento del 69 % en el tráfico de pasajeros. La introducción de un servicio de bajo costo entre Johannesburgo y Lusaka fue seguida por una reducción del 38 % en las tarifas con descuento y un aumento del 38 % en el tráfico de pasajeros.
Estos hallazgos son de índole económica, pero sus implicaciones para la ciencia son directas. Una red de investigación no puede funcionar eficazmente si las reuniones rutinarias consumen una parte desproporcionada de su presupuesto. Un programa de formación regional pierde valor cuando los participantes deben realizar múltiples vuelos para llegar a él. Un joven científico puede recibir una oportunidad importante, pero no poder aprovecharla porque el coste del billete de avión supera lo que cubre la beca.
Las reuniones virtuales han mejorado la comunicación y deben seguir formando parte de la colaboración científica. Sin embargo, no sustituyen las prácticas de laboratorio, el trabajo de campo, la formación clínica, la instalación de equipos, las visitas para el procesamiento de muestras ni las interacciones informales mediante las cuales se forjan la confianza y las relaciones a largo plazo.
La necesidad de abordar la movilidad surge en un momento en que la ciencia africana se está volviendo más colaborativa. La vigilancia de las enfermedades infecciosas, la resistencia a los antimicrobianos, el cambio climático, la biodiversidad, la seguridad alimentaria, el enfoque "Una sola salud" y la medicina genómica no pueden abordarse eficazmente solo dentro de las fronteras nacionales.
H3África El programa «Herencia Humana y Salud en África» ofrece un ejemplo ilustrativo. Este programa apoyó estudios africanos en genómica humana, al tiempo que fortaleció las capacidades en laboratorios, bioinformática, ética y biobancos en diversos países. Su valor radicó no solo en los proyectos individuales, sino también en la conexión de conocimientos especializados e infraestructura distribuidos por todo el continente.
Este modelo es cada vez más relevante porque la capacidad científica sigue estando distribuida de forma desigual. Según el Informe de la UNESCO sobre la ciencia 2021El África subsahariana representa aproximadamente el 14% de la población mundial, pero solo el 0.7% de sus investigadores. El mismo informe señala que la colaboración científica internacional está en aumento, sobre todo en torno a problemas como las enfermedades infecciosas, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, que no conocen fronteras.
Cuando la experiencia especializada y la infraestructura de investigación se distribuyen de forma desigual en el continente, la colaboración permite a los países compartir capacidades y aprovechar mejor las inversiones existentes. Así es como los países comparten conocimientos especializados, optimizan el uso de infraestructuras costosas y crean oportunidades que ninguna institución podría ofrecer por sí sola.
La infraestructura de investigación se suele entender en términos físicos: laboratorios, plataformas de secuenciación, centros informáticos, equipos y sistemas de datos. Estos elementos son esenciales, pero no funcionan independientemente del personal capacitado para utilizarlos.
La movilidad científica debe reconocerse como parte de esa infraestructura.
Un laboratorio puede contar con equipos de última generación, pero su valor se reduce si los especialistas no pueden viajar para capacitar a otros o resolver problemas de uso. Un consorcio multinacional puede recibir una financiación sustancial, pero su progreso se ralentizará si los investigadores no pueden reunirse, los estudiantes no pueden acceder a la formación regional y los equipos de proyecto no pueden desplazarse entre sedes. La movilidad determina la eficacia con la que circulan el conocimiento, las habilidades y la tecnología.
El Consejo Internacional de la Ciencia ya reconoce la libertad de movimiento como uno de los fundamentos de la participación científica. posición sobre la movilidad científica Señala que los trámites de visado pueden ser complejos, costosos e impredecibles, con consecuencias directas para las reuniones, la docencia y la colaboración en investigación. Asimismo, insta a las organizaciones científicas a tener en cuenta la accesibilidad a los visados al decidir dónde se celebrarán las reuniones.
Este principio debería aplicarse ahora de forma más deliberada en África.
África ya ha desarrollado una sólida base política para una mayor libertad de movimiento. La prioridad ahora es traducir estos compromisos en medidas prácticas que fomenten la colaboración científica.
Los gobiernos podrían implementar procedimientos acelerados para viajes científicos verificados, garantizar que los sistemas de autorización electrónica sean predecibles y transparentes, y continuar implementando los compromisos de movilidad regional existentes. Las comunidades regionales podrían analizar por qué los compromisos de libre circulación funcionan bien en algunas regiones, pero siguen siendo débiles en otras. Los organizadores de conferencias deberían evaluar la accesibilidad a los visados antes de seleccionar las sedes y contactar con las autoridades de inmigración con antelación. Los financiadores deberían presupuestar de forma realista los viajes regionales y permitir flexibilidad cuando las interrupciones en los visados o los vuelos afecten la ejecución del proyecto.
Las instituciones científicas también deberían documentar el coste de la movilidad restringida. Las conferencias perdidas, los intercambios cancelados y los proyectos retrasados suelen tratarse como problemas de viaje individuales y desaparecen de los registros institucionales. Sin mejores pruebas, es fácil pasar por alto el impacto en la productividad de la investigación, la formación y la colaboración.
África ha logrado avances notables en el fortalecimiento de sus instituciones científicas, la inversión en infraestructura de investigación y la creación de redes de investigación continentales. Asimismo, ha articulado una visión ambiciosa para la integración regional mediante iniciativas como la Agenda 2063, el Protocolo de Libre Circulación y el Mercado Único Africano de Transporte Aéreo. El próximo reto consiste en garantizar que los investigadores puedan desplazarse con facilidad para llevar a cabo las colaboraciones que se espera que establezcan.
Imagen por mohamed nohassi on Unsplash
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