Acerca del autor.
Jane Nkiruka Ikwunze fue becaria en el ISC, donde colaboró en proyectos sobre ciencias sociales, desigualdad, conocimientos indígenas y política científica, entre otros. Es investigadora novel y actualmente cursa una maestría en Desarrollo y Estudios Ambientales (Estudios Árticos) en la Universidad Paris-Saclay. Jane es doctora en Estudios Internacionales y Diplomacia.
Involucrar a las comunidades indígenas en proyectos de investigación y darles un lugar central en la mesa de toma de decisiones es una corrección importante a una larga historia de investigación extractiva que a menudo ha marginado a estas comunidades. Sin embargo, este cambio hacia la inclusión aún no aborda la estructura subyacente. Documentos recientes de la Informe de la Cumbre de Observación del Ártico de 2026 y los programas científicos de Fronteras Árticas 2026 Se ha empezado a reconocer este punto crucial. Las comunidades no solo deben participar en la investigación, sino que también deben tener la autoridad para gestionar las iniciativas que dan forma a sus vidas y a su entorno. Más allá de la mera inclusión, deben poder ejercer autoridad y autodeterminación, acceder a financiación y tener soberanía sobre sus datos.
En el fondo de esta cuestión subyace un choque entre dos compromisos fundamentales: el movimiento de datos abiertos y la soberanía de los datos indígenas.
La ciencia ártica se basa en los principios de apertura. Por ejemplo, consideremos un sensor desplegado en el hielo marino frente a la costa de Svalbard. Este sensor recopila datos valiosos que pueden mejorar un modelo climático que se está desarrollando en Colorado. Esto es posible porque los datos recopilados por el sensor no se mantienen aislados, sino que están disponibles para el acceso público. La apertura también permite a los investigadores obtener y combinar estos datos con otros conjuntos de datos, creando una visión más completa de la dinámica climática. Este enfoque está codificado en el Principios justos (Localizables, Accesibles, Interoperables, Reutilizables), que se han convertido en las reglas operativas predeterminadas para la gestión de datos de investigación en diversas disciplinas científicas.
La región ártica valora ciertas prácticas, como las relacionadas con la ubicación precisa de lugares sagrados y zonas de recolección. Algunas de estas prácticas indígenas, consideradas sagradas, pueden verse perjudicadas si no se protege el conocimiento. Las especies sometidas a la presión de intereses comerciales pueden exponer a las comunidades y sus ecosistemas a la explotación que la investigación busca prevenir.
En esencia, los datos abiertos plantean cómo deben compartirse los datos una vez tomada la decisión de compartirlos; la soberanía de los datos, por su parte, plantea quién tiene derecho a tomar esa decisión. Para los pueblos indígenas, esa autoridad no es un mero trámite burocrático, sino parte del derecho más amplio a la autodeterminación sobre sus tierras y sus vidas. Resolver este conflicto es fundamental para unas prácticas de investigación éticas en la colaboración científica en el Ártico.
En consecuencia, en el Principios CARE para la gobernanza de datos indígenas Se enfatiza que los pueblos indígenas deben tener mayor control sobre la aplicación y el uso de los datos y el conocimiento indígenas para el beneficio colectivo. El enfoque CARE (Beneficio Colectivo, Autoridad para Controlar, Responsabilidad, Ética), desarrollado por la Alianza Global de Datos Indígenas, complementa los principios FAIR. Estos principios alientan tanto a los movimientos de datos abiertos como a otros movimientos a considerar a las personas involucradas y el propósito que impulsa sus iniciativas y objetivos.
Actualmente, la NSF Centro de datos del Ártico Se enfrenta al reto de cómo proteger los datos sensibles de los pueblos indígenas dentro de un marco diseñado para que todo sea accesible.
Una posible solución sería un sistema que no hiciera públicos todos los datos y reconociera que los distintos tipos de conocimiento requieren diferentes niveles de permisos y responsabilidades. Por ejemplo, si bien algunos datos podrían ser de acceso abierto, otros podrían requerir el consentimiento de la comunidad, permanecer bajo control interno o, en casos extremos, no digitalizarse en absoluto. En otras palabras, quienes generan y gestionan este conocimiento tendrían voz y voto en su futuro. Este enfoque nos ayuda a vislumbrar un futuro donde la información sea accesible de forma responsable y sensible a las necesidades de las comunidades involucradas.
Otra cuestión es qué beneficios obtendrán las comunidades de la investigación realizada. ¿Qué ventajas duraderas aportará esta colaboración a las comunidades que la hicieron posible?
Los investigadores y las organizaciones financiadoras suelen centrarse en indicadores de éxito convencionales, como el número de publicaciones o presentaciones en congresos. Es necesario adoptar una perspectiva holística que haga hincapié en los beneficios recíprocos adaptados a las necesidades específicas de las comunidades árticas.
Para lograr esta reciprocidad, será importante:
Redefinir el impacto de la investigación de esta manera, priorizando la reciprocidad genuina y los beneficios mutuos, es fundamental para garantizar que la investigación en el Ártico contribuya tanto a la colaboración científica como al bienestar de la comunidad. Es crucial destacar un flujo bidireccional de beneficios.
Si bien un sensor en el hielo marino puede transmitir sus lecturas a un laboratorio en un continente lejano en cuestión de segundos, la tarea más compleja consiste en asegurar que los beneficios lleguen con la misma rapidez en sentido contrario, a las personas cuyos conocimientos y tierras hicieron posible el descubrimiento. En definitiva, una vez finalizado el trabajo de campo y terminada la financiación, es fundamental considerar qué queda para las comunidades indígenas que lo hicieron posible.
Foto por Putulik Jaaka on Pexels